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martes, 7 de julio de 2009

Recordando a José Koltun

Recuerdan al salesiano José Koltun
Fue párroco de Deseado y de Caleta Olivia



El trágico fallecimiento del sacerdote Estanislao José Koltun, en un accidente automovilístico cerca de Río Colorado, el 7 de julio de 1995, conmocionó a gente de las más diversas creencias religiosas, ya que este párroco dejó una profunda huella a su paso por dos comunidades del norte santacruceño.
Este salesiano estuvo al frente de la parroquia de Puerto Deseado durante diez años. Promovió varios grupos juveniles, tuvo diálogos profundos con representantes de iglesias evangélicas, fue mediador no oficial en diversos conflictos y problemas que sufrió la comunidad y fue un impulsor de los "encuentros matrimoniales" que convocaron a numerosas parejas de toda la zona norte de Santa Cruz durante el obispado de monseñor Miguel Angel Alemán.
"En forma habitual me cruzaba y saludaba un hombre de mirada cálida, triste y sencilla y que parecía -después me lo confirmó- buena y simple. Al tiempo me enteré que era el curita del pueblo", lo evoca afectuosamente su amigo Oscar Julio Wilkys. Con respecto a su participación en los encuentros de matrimonios en Caleta Olivia, recuerda que "el curita nos compartió que participaba porque estaba casado con la comunidad y explicó que todos sin distinción de religiones tenemos un papá bueno, que necesitamos creer en El, que nos acompaña, que hay que tenerlo presente en las buenas y en las malas, amar, saber perdonar".

Una anécdota
El 1 de mayo de 1984, cuando se celebraba el día del Trabajador frente a la estación ferroviaria de Puerto Deseado, el entonces concejal justicialista Oscar Iribarren se acercó al padre José Koltun y, bromeando le preguntó:
-Y, padre, ¿como vé la situación política?
Sin perder su proverbial sonrisa, el cura le respondió:
-Esta es mi política; y esgrimió su pesado ejemplar de la Biblia Latinoamericana, gastado, marcado, subrayado, trajinado en largas lecturas compartidas.

Vecinos
Allá por 1984 los salesianos de Puerto Deseado me hospedaron en el colegio San José, donde me desempeñaba como maestro. En ese viejo "torreón" fui vecino de José Koltun. Algunas veces me escuchó en silencio, otras veces me regaló un salmo, como lo hizo con tanta gente. Era su obsequio inmaterial y eterno. En varias ocasiones conocí su dolor por no poder resolver las envidias, los rencores y los chismes de pueblo. Para enfrentar esa chismografía inventó dos personajes, Juan Pistoy y Pancho Talero, protagonistas de todas las situaciones que prefería no detallar.
Todas las semanas, durante varios años, publicó una "columna parroquial" en el semanario EL ORDEN. Cuando el video cable recién inaugurado puso en el aire películas pornográficas, tituló "Nene caca" una fuerte crítica a esa programación y sus posibles consecuencias sobre los niños. Fue afectuoso, respetuoso, audaz, pero severo frente a lo que podía dañar la inocencia y la convivencia social.
Cuando se produjo un fuerte enfrentamiento entre civiles y militares por cuestiones de dudosa importancia, que produjo gran tensión, golpizas y heridos, y que trascendió en publicaciones nacionales, en marzo de 1984, me dijo: "leo las crónicas de la casa salesiana y no hay ninguna referencia a los hechos de la Patagonia Trágica... no quiero que pase lo mismo con estos momentos tan tristes", y supo mediar entre los jóvenes de uno y otro bando, con ánimos exacerbados por la naciente democracia.

Herencia
Salvo su bicicleta, que tal vez tampoco le perteneciera, José Koltun no tenía bienes materiales. Entonces, dejó un mandato: que tras su muerte, se repartieran las hojas de su Biblia entre todas las personas que figuraban en su agenda. Su "política", la razón de su fe y su esperanza, se distribuyó entre centenares de amigos, cristianos, ateos y no cristianos. Fue su última gran prédica.

Mario dos Santos Lopes

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